jueves, 11 de marzo de 2010

LA SOLEMNIDAD EN LOS ACTOS MASONICOS


Por: Fabian Velez
M:.M:.

…de lo sublime a lo ridículo no hay mas que un paso…

Liturgia del Primer Grado


QQ.·.HH.·.


“Que la luz sea” Esas fueron las palabras que escuche antes de dejar la oscuridad en que me encontraba sumido la noche de mi iniciación.


La primera percepción visual fueron mis QQ:. HH:., armados de espadas, dándome la bienvenida de la forma mas solemne a la Orden, solemnidad que con el pasar de los días, se convirtió en parte fundamental de mi vida masónica.


Interiorice, desde entonces, ese sentimiento como parte inseparable del ritual masónico, concibiendo la actividad litúrgica como esencial para la masonería.


Como Ap:., la solemnidad formó la base sobre la cual comencé, ayudado por los MM:. de mi Log:., a construir el edificio del conocimiento masónico, entendiendo que el simbolismo del que se reviste la Orden, requiere de un cierto protocolo para poder ser transmitido con propiedad a quienes nos siguen en el camino que lleva a la verdadera luz.


Ahora bien, ese protocolo o etiqueta, esta íntimamente ligado al simbolismo masónico, cuyo conocimiento debe ser transmitido de generación en generación, a través de lo que se ha denominado el método masónico.


Sin entrar a analizar el método como tal, basta con resaltar que en una Log:., todo tiene un simbolismo, todo lo que se ve y escucha dentro de la liturgia, lleva implícito un mensaje, al principio oscuro, pero que a medida que el conocimiento del masón crece, se va evidenciando de forma tal, que llega un momento que es inevitable entenderlo.


Sin embargo, para poder llegar a ese nivel, se debe lograr una interiorización del conocimiento masónico, mas allá de la memorización de formulas, frases o movimientos, que, de todos formas, son necesarios para el objetivo buscado.


Javier Otaola nos dice que:La Transmisión, así con mayúsculas es un proceso global que se produce como consecuencia de los múltiples y constantes que se establecen en la Logia y por el efecto de presenciar una y otra vez el Rito en acción,…”[1]


Es decir que, sin ser lo primordial, esa acción repetitiva tiene una finalidad específica, como es el lograr que el rito se adentre en el espíritu del masón, para a partir de allí, desarrollar su potencial.


Esta forma de ver las cosas, tienen una implicación subyacente, como lo es que las liturgias, los ritos, los antiguos usos y costumbres deben ser permanentemente estudiados, y si bien es cierto la modernidad implica renovación de muchas facetas de la masonería, no se puede permitir que esa renovación se convierta en la frivolización de la actividad masónica.


El mismo autor ya citado nos señala que: “El sentido de la tradición en Masonería nos debe llevar a una valoración cabal de la Historia de la Orden. Pero esa valoración nunca puede ser una adoración acrítica del pasado, hecha de nostalgia y de idealización. Por otro lado el otro extremo debe ser también evitado, Modernidad no puede significar la simple búsqueda de la novedad.”[2]


Lo anterior lleva de nuevo a la solemnidad. Es la solemnidad la que marca la diferencia entre una tenida masónica y cualquier otro tipo de reunión de personas adultas, aparte de los ritos religiosos.


Sin la solemnidad, la liturgia deviene fácilmente en insulsa e incluso ridícula, pues pierde su esencia y envía el errado mensaje que se trata simplemente de una especie de pantomima sin mayores pretensiones.


Por el contrario, la presencia de la solemnidad al adelantar las tenidas, marca el respeto con que se debe tratar todo lo que tenga que ver con la Orden, al punto de darle la importancia necesaria para que se convierta en parte de nuestras vidas.


Al respecto, se dice que: “Por ese motivo es que son tan importantes los gestos rituales, ya que por medio de ellos se renuevan las posibilidades que contienen, pues expresan con exactitud una cosmogonía en movimiento, un cosmodrama, aunque se ignore esta circunstancia.” [3]


Pero la solemnidad no debe ser entendida como objetivo, sino como medio, como la herramienta que nos servirá para lograr la consecución de los ideales que la masonería busca inculcar a sus miembros. Por ello, se puede decir que “Es lamentable, pero hay personas que ven en la solemnidad un valor en sí mismo, o algo que deben repetir como si fuera el auténtico rito, y en ese sentido son los análogos -inversos- de los que no advierten que todo acto es solemne per se y entonces se dedican a correrías y pillaje. Entre el tonto solemne y el pícaro sinvergüenza no hay una gran distancia desde un punto de vista un poco más elevado; y ambos conforman la ignorancia del medio con la que no pueden sino autoidentificarse. Es más, el tonto solemne y el pícaro sinvergüenza pueden ser una misma persona.[4]


Entonces, el éxito de la solemnidad como parte de la masonería, radica en que se pueda lograr que la misma se mantenga en un punto de equilibrio o equidistante entre ritualismo y relajamiento, logrando así que ambos extremos se mantengan alejados del trabajo logial.


Para ello, se debe iniciar por definir que es solemnidad, y una de las acepciones que nos trae el DRAE es que se trata de algo grave, majestuoso, imponente [5]. Como se ve, esta definición casa perfectamente con el nombre de Tenida Solemne que se le da a la ceremonia de iniciación y a los aumentos de grado.


¿Cómo lograr entonces que una tenida solemne sea grave, majestuosa e imponente? En primer término se encuentra la disposición del templo. Nada se debe dejar al azar. Todo las herramientas deben estar a disposición. Además los símbolos pertinentes deben estar correctamente colocados y la decoración del lugar, acorde con el grado en que se va a trabajar.


Y así como el templo debe estar según las circunstancias, también lo deben estar los expertos y demás dignidades y oficialidades del taller, debidamente preparados para la tarea que se va a realizar. Esta disposición de los miembros del taller se plasma en la circunspección e indumentaria adecuada para este tipo de eventos.



Un buen ejemplo de lo que se debe entender por circunspección e indumentaria adecuada se encuentra en el Manual De Etiqueta y Protocolo Masónico” de la Gran Logia de Panamá, el cual señala que “La apariencia de los Dignatarios y Oficiales es tan importante a cómo se mueven en la Logia.” Y pasa a describir la indumentaria asi: “El atuendo para todos los Dignatarios y Oficiales en las sesiones solemnes y extraordinarias para conferimiento de grados, es el traje de etiqueta masculino (negro todo), mejor conocido como "Tuxedo" o "Smoking", el cual incluye corbatín, faja, medias y zapatos, con camisa blanca sencilla (sin ruchas), guantes blancos, Mandil y Joyas o Collarines de sus respectivos puestos. En todo momento se usará saco. El M...V... G...M... o el V...M... puede sugerirle a los HH... la remoción del saco en días especialmente calurosos, esta sugerencia no incluye a los Dignatarios y Oficiales durante el transcurso de las ceremonias. La membresía que asista a todas las reuniones de Gran Logia y a las reuniones "no ordinarias" de las Logias deberán hacerlo siempre en traje de calle, preferiblemente oscuro.” [6]



En otras obediencias, incluso esta fijada la indumentaria por vía constitucional, tal y como acontece con la Constitución del Gran Oriente Federal de la República Argentina, que dice: Todos los hermanos sin excepción en los casos de tenidas solemnes deberán concurrir con traje negro, camisa blanca, moño o corbata negra y guantes blancos. El Venerable o el Gran Maestre no permitirán en tales tenidas el ingreso de hermanos que no asistan vestidos correctamente.[7]



En cuanto a la circunspección, esta se traduce seriedad, decoro y gravedad en acciones y palabras[8]; así mismo, el manual precitado nos señala que: “Los Masones deben estudiar los rituales o liturgias, alegorías y símbolos de la Masonería para así aprovechar las enseñanzas que estos encierran,….” [9]


Esto ultimo, plantea de forma indirecta la cuestión referente al tiempo de permanencia del masón en cada grado. Si bien es cierto no existe un termino definido, la prudencia indica que debe ser por lo menos el necesario como para que el recipiendario perciba la magnitud de cada grado y el conocimiento que este conlleva. Y es por ello que algunos opinan que: “… esto quiere decir que los grados o dignidades deben trabajarse uno a uno y con un tiempo prudencial para que se comprenda el sentido simbólico, filosófico y operativo que posee cada grado.



Nada mas perjudicial para un masón y la institución que representa como tal, el poseer dignidades que no entiende, no saber de que se tratan, no saber sobre cuales son los derechos y deberes de tal investidura, y lo que es peor, no saber los motivos por los cuales fueron insertos en los grados de la masonería.[10]


A todo esto, y como norma no escrita, se debe agregar el numero de participes en la ceremonia. Si bien es cierto las circunstancias económicas impiden realizar una ceremonia individual, no menos cierto es que el excesivo numero de recipiendarios desvirtúa la solemnidad en que debe estar envuelta toda tenida de esa índole.


Famélico servicio prestan a la masonería aquellas dignidades que, defendiendo una mal entendida modernidad, desvirtúan los ritos y liturgias, al amparo de una autonomía que se revierte, por su mala utilización, en contra de la propia Orden, despojando de su majestad las ceremonias y, convirtiendo a los talleres en simples lugares de encuentro social, donde la membresía asiste mas preocupada por el ágape que por el significado de la tenida adelantada, entendiendo el ágape como una simple cena, sin ver que en realidad es una continuación de la tenida, que involucra una especial significación en cuanto a la instrucción masónica, pues allí también se pulen las aristas de la piedra bruta.


En conclusión, la perdida de solemnidad en los actos masónicos socava los cimientos de la Orden, pues desvía la formación de los nuevos miembros, quienes llegan a entender que la importancia de pertenecer a la misma radica en el cargo que se ostenta y no en el servicio que se ha de prestar.


La solemnidad no es un mito, es una necesidad, no es un objetivo, sino un medio, no es una muestra de atraso sino una demostración de solidez, no es una talanquera, sino un filtro que impide que se introduzcan a la Orden, practicas que diluyen la seriedad de la institución.




[1] La transmisión del método masónico. Colectánea masónica. Página BLOG atendida por Javier Otaola

[2] La transmisión del método masónico. Colectánea masónica. Página BLOG atendida por Javier Otaola

[3] Material aparecido en el volumen de arquitectura Símbolo, Rito, Iniciación, La Cosmogonía Masónica (Ed. Obelisco, Barcelona 1992), firmado por Siete Maestros Masones.

[4] Material aparecido en el volumen de arquitectura Símbolo, Rito, Iniciación, La Cosmogonía Masónica (Ed. Obelisco, Barcelona 1992), firmado por Siete Maestros Masones.

[5] DICCIONARIO DE LA LENGUA ESPAÑOLA - Vigésima segunda edición

[6] Manual De Etiqueta y Protocolo Masónico de la Gran Logia de Panamá, pag 12

[7] Gran Oriente Federal de la República Argentina. Constitución, Art. 217

[8] DICCIONARIO DE LA LENGUA ESPAÑOLA - Vigésima segunda edición

[9] Manual De Etiqueta y Protocolo Masónico de la Gran Logia de Panamá, pag 11

[10] LA DOCENCIA MASONICA, Orden Real de Heredom de Kilwinning, Aug.·. y Resp.·. Logia-Madre Metropolitana “San Andrés de Escocia N° 1” Valle de Santiago de Chile. Trabajo expuesto en el mes de enero de 2007 (tenidas de verano) en el encuentro de los Ritos de Memphis-Misraim, Rito de Memphis y La Orden Real de Heredom – Kilwinning, por el Ven.·. Maestro Q.·. H.·. Dionisio E. Jara R.


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